En 1917, en pleno contexto de la Primera Guerra Mundial, Dinamarca concretó la venta de su colonia conocida como las Indias Occidentales Danesas a Estados Unidos por un monto de 25 millones de dólares en oro (18,6 millones de libras esterlinas). La operación respondió, en gran medida, a preocupaciones estratégicas de Washington ante una posible expansión de la influencia alemana en el Caribe y a la necesidad de proteger rutas clave cercanas al Canal de Panamá.
El acuerdo incluyó las islas de Saint Thomas, Saint John y Saint Croix, que hoy conforman las Islas Vírgenes de Estados Unidos, así como otros territorios menores, entre ellos Little Saint James. En aquel momento, este pequeño islote se encontraba prácticamente deshabitado, pero la transferencia sentó las bases para su posterior propiedad privada y la notoriedad que adquiriría décadas más tarde al quedar vinculado al caso de Jeffrey Epstein, uno de los mayores escándalos contemporáneos en Estados Unidos.
La transacción no solo tuvo implicaciones territoriales, sino también políticas y diplomáticas. Como parte del pacto, el gobierno estadounidense se comprometió a no oponerse al control danés sobre Groenlandia, un compromiso formalizado en la llamada Declaración Lansing. Este acuerdo fortaleció la posición de Dinamarca en el Ártico y consolidó una relación estratégica entre ambos países.
Más de un siglo después, el acuerdo de 1917 vuelve a cobrar relevancia histórica. Mientras Little Saint James quedó marcada por un oscuro episodio de la historia reciente estadounidense, Groenlandia ha regresado al centro del debate internacional debido a su creciente importancia geopolítica y estratégica en un escenario global cada vez más tensionado.