Rusia ha confirmado que está dispuesto a posicionar misiles de corto y medio alcance en sus fronteras si considera que es necesario, luego de romper formalmente el compromiso nuclear que mantenía con Estados Unidos (EEUU).
Este cambio radical, anunciado desde Moscú, eleva el nivel de tensión entre ambas potencias y genera preocupación en la comunidad internacional.
La ruptura del acuerdo, que durante décadas limitó la proliferación de ciertos tipos de armamento nuclear en Europa y otras regiones, llega en un contexto de enfriamiento diplomático y creciente sospecha alrededor de las acciones militares de ambas naciones.
De acuerdo con declaraciones oficiales del Ministerio de Defensa ruso, se consideran “liberados” de restricciones previas y están listos para responder si Estados Unidos o sus aliados instalan armas similares cerca de sus fronteras.
Tensiones globales y el futuro del control armamentístico
El posible despliegue de misiles de corto y medio alcance no solo afecta la seguridad europea, sino que amenaza con desencadenar una nueva carrera armamentística a nivel mundial.
Expertos advierten sobre el riesgo de que terceros países se vean involucrados o de que el equilibrio de poder, ya frágil, se deteriore aún más. Mientras tanto, organismos multilaterales y líderes europeos hicieron llamados a la moderación y al reinicio de negociaciones para evitar una escalada.
Si bien esta situación recuerda la tensión de la Guerra Fría, la capacidad tecnológica y el alcance de los nuevos misiles plantean retos inéditos.
Algunos analistas subrayan que la decisión rusa podría incentivar a otros países a seguir el mismo camino, debilitando aún más los mecanismos de control armamentístico.
En este contexto de incertidumbre, el impacto en América Latina y Centroamérica, aunque lejano geográficamente, no es menor. La región mantiene intereses estratégicos en la estabilidad internacional y estará atenta a las posibles repercusiones económicas y diplomáticas.