En medio de especulaciones y rumores que han rodeado a la familia real británica en los últimos días, Rose Hanbury, la marquesa de Cholmondeley, ha decidido finalmente alzar la voz para desmentir de manera categórica las acusaciones que la señalaban como la supuesta amante del príncipe Guillermo.
Los murmullos sobre un presunto romance entre Hanbury y el príncipe heredero han sido una constante desde que salieron a la luz en abril de 2019, destacados por los medios británicos.
Sin embargo, la marquesa ha decidido poner fin a estos rumores emitiendo un comunicado a través de sus abogados dirigido al medio Business Insider, en el que ha negado rotundamente cualquier involucramiento romántico con el príncipe Guillermo, calificando las acusaciones como «totalmente falsas».
La declaración de Hanbury ha sido breve y contundente, reflejando una postura similar a la adoptada por la corona británica en situaciones de este tipo: «never explain, never complain» (nunca des explicaciones ni te quejes).
Con esta firme negación, la marquesa de Cholmondeley busca parar de una vez por todas los rumores que la han involucrado en una supuesta relación con el príncipe Guillermo.
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Desde que surgieron estas especulaciones, la familia real ha enfrentado una ola de atención mediática y escrutinio público. El mismo Guillermo también emitió un comunicado a través de su equipo jurídico en el que desmentía vehementemente las acusaciones, calificándolas de «falsas y dañinas» y denunciando la violación de su privacidad.
A pesar de los esfuerzos por desacreditar los rumores, la presencia de Hanbury y su esposo, David Cholmondeley, en círculos cercanos a la realeza ha alimentado aún más las especulaciones.
Si bien han intentado mantener un perfil bajo, la posición de David como ex gran chambelán y actual lord-in-waiting lo ha mantenido en la mira pública, lo que ha generado cierta dificultad para mantener a la pareja alejada de los focos.
En eventos relevantes de la corona, como la entronización de Carlos III, David y Rose han estado presentes, aunque su interacción con los príncipes de Gales ha sido limitada, al menos en público.
Este intento por mantener un bajo perfil ha sido parte de la estrategia de la corona británica para frenar las especulaciones y restaurar la calma en medio del torbellino mediático que ha rodeado a la familia real.