Es difícil encontrar una conexión lógica, aun racional entre el escandalo de un tipo común y corriente llorando tres horas continuas en un canal de televisión, y una semana continua de rabiosa campaña anti melista alrededor de un tema álgido como la ilegal reelección. La explicación la han dado, de forma velada, el mismo jefe del régimen y sus funcionarios en los últimos días.

Resulta que se viene una movida de privatización masiva, en educación, en salud, en los fondos de retiro y pensiona de IMPREMA e INJUPEMP. Esta oleada es inevitable para el régimen ilegal, pues no puede postergar mas sus compromisos con el FMI y otros organismos. Ya ha nombrado sendas comisiones encargadas de “dictaminar” una supuesta inviabilidad de lo público y “recomendar” la privatización. Por si eso fuera poco, las universidades de agricultura han sido ofrecidas al Zamorano, y ya se anuncia la privatización del INFOP.

Es importante entonces entender que la privatización es una hermana siamesa, inseparable de la corrupción a gran escala. En la práctica, es imposible justificar la privatización de un organismo o institución que funcionan bien. Por esa razón, el régimen ha evitado con todos sus recursos de evitar la resolución de los problemas en todos estos campos vitales de la economía y el desarrollo social, al tiempo que una campaña mediática se ha mantenido constante, mostrando el “pésimo” desempeño de todo lo público.

En consecuencia, es fácil inferir que la negligencia se convierte en corrupción, pues es el estado que tiene la tarea de hacer inservible una estructura que, con altos y bajos, se mantuvo funcional por muchos años. Tampoco es casual que aumenten las clínicas privadas nuevas que reciben contratos para prestar servicios que antes prestaba el Estado. El enriquecimiento mediante la corrupción, se produce de manera paralela al de la privatización. Este fenómeno ha sucedido ante nuestros ojos por varios años y ahora llega a un momento culminante en el que se produce el shock al estilo Macri en Argentina.

La devaluación, por cierto, se asocia a este mismo proceso, debido a que el mismo “abarata” los costos de los supuestos inversionistas que se hará cargo de manejar las nuevas vías. Esta tragedia se ha dado también en la energía y en la salud. El gran milagro mediático es habernos convencido de que era legitimo el proceso de pasar a manos privadas el patrimonio que hemos construido juntos, por generaciones, como sociedad.

Esto no es raro en absoluto, al contrario, ha sucedido en muchas partes del mundo, y ha fracasado estrepitosamente, causando mucha miseria y sufrimiento a poblaciones enteras, y ni siquiera los países del llamado “primer” mundo se han escapado. Países como Rusia, Grecia y los mismos Estados Unidos han sufrido graves daños por el efecto de los remates. Islandia, pequeño país en el atlántico norte, fue llevado a la quiebra en corto tiempo por el neoliberalismo que origina esta s privatizaciones. De hecho, un ejemplo emblemático fue el transporte de Paris, que tuvo que ser reasumido por la administración pública después de un estrepitoso fracaso experimento privado.

Por su naturaleza, la corrupción y la privatización van de la mano con la represión, por lo que la lucha contra el proceso requiere de una movilización masiva de la sociedad, y, por supuesto, la organización creciente y la divulgación sistemática de información que rompa los cercos que imponen los medios corporativos capitalistas. El movimiento anticapitalista existe en todos el mundo, y ha librado grandes luchas desde Seattle, pasando por Occupy Wall Street los indignados, y los movimientos socialistas democráticos de América Latina.

Y es que el movimiento anticapitalista es fundamentalmente una causa común por la subsistencia de la humanidad. En Honduras, los niveles de consciencia han ido creciendo mucho, especialmente desde la resistencia contra el golpe de estado de 2009. Aunque la tarea de organización y formación es aún incipiente, la fuerza de las ideas en la sociedad hondureña han avanzado con mucha fuerza.

La tarea esencial, pues, radica en una lucha masiva frontal contra la privatización que pretende hacer el régimen. Ahora tenemos la oportunidad de detener esta oleada, e incluso de hacer retroceder esta tendencia neoliberal que se quiere adueñar de nuestro patrimonio común. Ahora estamos a tiempo, y tenemos las herramientas, no dejemos que nos escondan la verdad. Divulguemos.