Opinión | Trump despide al Jefe de Estado de Honduras

El anuncio del despido del general retirado John Kelly, como jefe de gabinete del ejecutivo norteamericano, hecho público por el propio Donald Trump, implica un golpe duro al globalismo en las esferas de gobierno de Estados Unidos, al tiempo que, como consecuencia conexa,deja al régimen hondureño de Juan Orlando Hernández sin su pieza fundamental y bastante expuesto a la calamidad.

La lucha entre globalistas y nacionalistas ha marcado la administración Trump, quien avanza en la remoción de los lastres globalistas en la burocracia de Washington. Para entendernos mejor, la política de Trump está en la tarea de deshacerse del legado que recibió de las administraciones de los últimos 6 presidentes, que impulsaron una agenda neoliberal y globalizadora, en la que se privilegiaba el crecimiento transnacional, el libre movimiento de mercancías y capital, así como el debilitamiento de las naciones.

John Kelly o, más bien lo que él representa, es parte de esa historia globalista que se impulsó desde la era Clinton. De hecho, su trayectoria militar está estrechamente vinculada a la doctrina de guerra global contra el terrorismo y el narcotráfico , que lo llevo a ser Jefe del Southcom, y el operador en jefe de la política norteamericana hacia Colombia, México y Centroamérica. Su misión fundamental era destruir la revolución bolivariana en Venezuela, debilitar el gobierno sandinista y socavar los cimientos de la revolución cubana. En pocas palabras, John Kelly y Plan Colombia están entrelazados de forma indisoluble.

La fachada de la guerra contra el narcotráfico quedó evidenciada después de que en ocho años, el tráfico de estupefacientes creció de forma sostenida, siendo Honduras el punto de paso central del mismo. La posición estratégica para la continuación de la guerra contra la integración latinoamericana, llevó a la consolidación de un narcoestado en Honduras, todo esto bajo la mirada atenta y permanente de Kelly, así como de su sucesor en el Southcom, Kurt Tidd, quien, dicho sea de paso, acaba ser relevado del cargo, después del sonado fracaso de su famoso plan Venezuela Freedom 2.

Los vínculos estrechos entre Kelly y el régimen bipartidista hondureño son expuestos a profundidad en un trabajo publicado por Notibomba y elaborado por periodistas de AP (https://notibomba.com/kelly-aliado-del-regimen-de-hernandez-dejara-la-administracion-de-trump/amp/). Como podremos comprobar en esa extensa investigación, John Kelly ha liderado una iniciativa de las políticas de los llamados globalistas, en la era Obama. Al mismo tiempo, Kelly fue visto como una opción para los globalistas de “mantener a raya” a Trump y orillarlo a convertirse en un “Presidente más del establishment”.

La nueva doctrina militar de los nacionalistas gringos implica necesariamente la remoción de una generación completa de oficiales, pues la misma vuelve al concepto de guerra estratégica de potencias contra potencias, en lugar de la costosa y absurda guerra contra un enemigo indeterminado, como el hasta ahora famoso terrorismo. Desde la llegada de Trump, fue evidente la salida del “terrorismo” como centro de atención de la mass media que se enfocó en temas como la inmigración, la asimetría comercial, el cyberespionaje y otros asuntos de carácter más bien Nacional.

Es claro que la salida de Kelly marca un cambio sensible en la política militar exterior y de seguridad nacional gringa. Él candidato más probable a suceder a Kelly es Nick Ayers, colaborador de Mike Pence, que, con 36 años, es, de lejos, más cercano a la línea de los nacionalistas, lo que afectará sin duda alguna a toda America Latina, y Honduras especialmente. Sin embargo, no podemos olvidar que los intereses imperiales en nuestra región son permanentes, y cualquier cambio estará dirigido a actualizar la vigencia de esos intereses.

En el caso hondureño, la salida de Kelly perjudica al régimen bipartidista, pero también a las Fuerzas Armadas, que simplemente cumplen ordenes desde Estados Unidos. Para la jerarquía militar hondureña, se impone la interrogante de las líneas políticas que se darán en la seguridad nacional de Estados Unidos, lo que podría cambiar drásticamente la forma de actuar de las mismas.

Otro cambio potencial, que debe esperarase, es la salida de la teniente coronel Heide Fulton, quien asumió funciones de procónsul imperial en el país, y que se ha mantenido a pesar del nombramiento de un embajador que nunca llegó. La teniente Fulton ha sido el sostén imperial del “Narcoestado” hondureño, y es probable que la salida de Kelly traiga consigo el retorno del Departamento de Estado a escena (dirigido por Mike Pompeo, ex director de la CIA), más proclive a seguir directrices de los nacionalistas. Con esto, el régimen de los bipartidistas “oscuros” (dicen que ahora también hay claros) se verá severamente disminuido en su capacidad de lobby a nivel de Washington.

En cualquier caso, los cambios que se suscitan en Estados Unidos por estas fechas, no precipitarán cambios dramáticos o subitos en Honduras, aunque si se traducirán en un debilitamiento de lo poco une queda del Estado Hondureño. La figura de Juan Orlando Hernández será el foco de la decadencia, de un régimen que, falto de estudio y dignidad, no fue capaz de entender los cambios que se producen hoy en el mundo.

Es más lógico suponer, que en el tiempo que tome consolidarse a las nuevas figuras imperiales, se imponga la continuidad en nuestro país. Esa continuidad no es de ninguna forma algo estable, pues el juego de las fake News, los escándalos de corrupción, las extradiciones, así como el empobrecimiento acelerado de la población, el desastre económico y la violencia, seguirán siendo comunes a nuestra cotidianidad. En otras palabras, no deberíamos asumir que “JOH” saldrá por un cambio en su “suerte” o en el “alineamiento de los astros”, eso solo lo puede acelerar el accionar del pueblo en lucha.

En un estado sumido en el caos, y la incertidumbre por lo que vendrá, es fundamental la movilización popular organizada. No está demás encordar que existen otros políticos hondureños que hace rato esperan pacientemente las señales del departamento de Estado. Eso para que se cambien muchas cosas, sin que nada cambie. La lucha en el mundo hoy, en los paises dignos y soberanos, es abiertamente contra el neoliberalismo, y ya no solo en nuestros países, es a nivel de los oprimidos del mundo.