Muchos comentarios y trabajos tienden en estos dos días, quizá por desesperación, a pensar que la “salida” para Honduras está en sacar a Juan Orlando Hernández, y formar alianzas formadas a partir de la buena voluntad de los liderazgos de quienes adversan al régimen. Este es un error que elimina factores que son fundamentales para el análisis, especialmente los intereses que determinan las actuaciones de todas las partes.

Como dijimos en trabajos anteriores, la derecha hondureña no esta muriendo; esta mutando en una cosa nueva. Su propietario está haciendo un trabajo meticuloso de blanqueamiento para hacerla lucir transparente, honrada, tecnócrata, moderna, apolítica y desideologizada. En esa tarea va la integración de las nuevas caras, de todos los colores, incluso nuevos partidos con viejas caras, o nuevas caras en viejos partidos, incluido el tristemente célebre bipartidismo.

Su contraparte en el escenario político sólo puede pensarse a partir de una gran coalición de fuerzas, que incluya al Partido LIBRE, con todos los movimientos sociales. Sin embargo, esta tarea no es tan fácil, y eso sea central para entender porque permanece el régimen en control del país. Muchos ven hacia MORENA o al Bukelismo como ejemplos a seguir, pero ni un fenómeno ni otro son realmente posibles en Honduras.

Los movimientos sociales hondureños se encuentran bastante debilitados, pero este no es su mayor problema. Su visión sobre el poder no ha madurado al extremo que deberían, y su trabajo organizativo es bastante precario. Mucho ha incidido en este fenómeno la represión del régimen por mucho tiempo, pero también la influencia que sobre ellos ejercen ONG que marcan el rumbo de su trabajo, e incluso su lenguaje.

No es casual que los objetivos centrales, como “sacar a JOH”, y otras partes narrativas creadas desde las ONG de la derecha alineadas desde Washington, ocupen el mensaje central de varias organizaciones que podemos considerar dentro de los movimientos sociales. Hasta ahora, vemos que los únicos movimientos con gran capacidad de acción, gracias a su organización y disciplina, son los estudiantes y lo pueblos originarios que defienden su legado ancestral. No es casual, que la brutalidad del régimen vaya dirigida con especial interés a estos dos sectores.

Es evidente que uno de los pasos más importantes hacia la coalición patriótica que se requiere para terminar con la dictadura, sea que la dirigencia de los movimientos sociales abandone su idea de debilitar a su aliado natural; el Partido LIBRE. Por supuesto, no escapa a las posibilidades que surja un nuevo partido político a partir de esa iniciativa social, que será recibido con bombos y platillos por la derecha, que como dijimos antes, se encuentra bastante debilitada.

Muchos podrán molestarse, con justicia, porque no puede generalizarse lo afirmado aquí a todos los movimientos sociales, o a todos sus dirigentes, pero es también importante que entiendan que es imperativo abandonar su trabajo de análisis desclasado, y seguir la cómoda ruta que traza el imperio gringo en Honduras. La sola idea de que la situación política hondureña, sigue por una ruta ya caminada por otros, carece de rigor y de compromiso.

Parecería más lógico que los movimientos sociales buscaran fortalecerse a través de una plataforma de lucha común, un programa unitario común con el Partido LIBRE. Esa plataforma común no solo serviría para fortalecer movimientos que ya tienen una estructura importante, o para resucitar el movimiento sindical, sino para también para integrar una propuesta de país que permita incluir los intereses de las grandes mayorías.

Además, la coordinación entre LIBRE y los movimientos sociales, permitiría la articulación de muchos recursos, y permitiría una actividad de organización y formación desde muchos niveles. Es necesario un programa político por nuestra Honduras, que abracen todas las personas y organizaciones que entendemos que es fundamental cambiar el sistema, sin utopías, pero firmes en principios y valores.

El acercamiento al pueblo con una propuesta emanada de cada uno de los sectores de la sociedad es clave para superar la monstruosa maquinaria de manipulación que mantiene el imperio en Honduras y que es puntal del régimen espurio. No existen procesos abreviados, ni términos medios en nuestra situación. Los movimientos sociales están en un momento crucial en el que tendrán que decidir si forman parte de un cambio real y patriótico, o se mantienen como oposición pasiva e impotente frente a los dictados de la oligarquía.