Todos los días me encuentro mis redes sociales comentarios, criticando mi exposición de ideas, y la forma en que señalo a la derecha como tal. El argumento invariablemente es que “la ideología no sirve”, “lo importante son los principios y valores, no la ideología”, “el problema de Honduras no es ideológico sino la corrupción”, y otras variantes de estas ideas. En algunos casos se trata de personajes escondidos tras seudónimos, que responden a directrices desde centros de respuesta y propaganda, pero la mayoría, se trata de personas que honestamente han llegado a concluir que en la ideología esta la maldición.

Este fenómeno se da mas entre jóvenes, que rechazan ampliamente el régimen de Juan Orlando Hernández, pero están convencidos de que él es un ser maléfico, corroído por la corrupción que actúa en el de una forma natural, como necesidad, como tomar agua o comer. Este punto de vista a medida crece un fenómeno que claramente muestra a la derecha hondureña reacomodándose, tratando de desmarcarse de Hernández, con una cara de novedosos tecnócratas, fanáticos de la anticorrupción.

Bajo la lógica “cuando se vaya JOH, todo volverá a ser bueno” o “después nos arreglamos, se han amalgamado una serie de personas que incluyen a políticos del reducido Partido Liberal, y simpatizantes del ex presidenciable Salvador Nasralla, quien ahora declara que si “…yo no hubiera aliado con Mel, los gringos me habrían dejado en la presidencia”, o “… el sistema (neoliberalismo) no tiene nada de malo, solo hay que sacar a JOH”. En una idea que juega a buscar una amplia coalición contra la “dictadura”, las acciones de sus miembros muestran sin dudar nunca que su enemigo es el Partido LIBRE, y que sacar a JOH, significa mandar a LIBRE en el mismo viaje.

Esta es una derecha variopinta que incluye, desde neofacistas confundidos hasta ONG que buscan convertirse en la “nueva sociedad civil”. Su mayor debilidad, como es fácil intuir, es su exacerbado sometimiento a las directrices del gobierno de los Estados Unidos, mismo que a estas alturas juega muchas cartas simultáneamente, desde perfilar a Luis Zelaya, Liberal (mas bien Neoliberal), como eventual reemplazo a las gastadas y desprestigiadas filas del conservadurismo tradicional, hasta mantener contra todas las posibilidades a Hernández en el poder.

Y aquí aparece la No Ideología de este novedoso grupo de derechas, que busca convencer a una opinión pública caracterizada por su notable falta de educación y sentido crítico, que, por otra parte, se encuentra harta de ver como se descalabra su bienestar material. Claro, el debate se da en el seno de la clase media, que no sabe si animarse a un levantamiento contra Hernández, o seguir su instinto y luchar para que lo que ellos llaman “izquierda radical”, les quite privilegios que hace días perdieron.

Por supuesto, la posición lacaya frente al imperio juega un papel importante entre aquellos que tienen urgencia en llegar al gobierno y administrar el desastre que ahora esta a cargo de Hernández (aunque en realidad la conducción del país esta a cargo del binomio Partido Nacional – Partido Liberal desde el Golpe de Estado). No será extraño que, en lo sucesivo, aprovechando las posiciones serviles de Hernández frente a los insultos de Trump, la carta de la derecha sea mostrar que es capaz de ser dócil pero amiga del impredecible jefe imperial.

La realidad y la correlación de fuerzas que vemos en el país, nos indican que no existe ninguna opción de quitar a Hernández desde el interior del país. Por otra parte, el papel gringo ha sido reconocido por la nueva derecha como mas importante que el de los mismos hondureños. Sin embargo, es evidente que grandes arreglos llevaran a un circo sin fin durante los años que faltan para llegar a 2021.

Las Fuerzas Armadas, eternamente al servicio de los gringos, no cambiaran este escenario a menos que reciban la orden del Comando Sur, algo que no se ve realista, toda vez que la notoriedad de este “shit hole”, ganada en la gran media del norte, finalizo con las elecciones del 6 de noviembre en Estados Unidos. En ese sentido, parece mas probable que continúe la debacle económica, las privatizaciones, la violencia, la inseguridad y la fuga de hondureños que huyen de este magnífico infierno, mientras el circo electoral se da en un escenario paralelo.

Por supuesto, el enemigo de las supuestas dos versiones de la derecha, seguirá siendo el mismo; el Partido LIBRE, al que a veces tratan de mostrar como radical, pero otras tratan de mostrarlo como idéntico ética y moralmente a ellos mismos. Las declaraciones ridículas de Nasralla seguirán siendo tema, mientras organizan el afianzamiento de la imagen de un Luis Zelaya, supuestamente neutro, pero que seguramente es tan capaz como Juan Orlando Hernandez de desplegar el anticomunismo mas feroz. El hecho es que el país sigue sumergiéndose en una fuerte polarización que mas que motivada por los políticos, es determinada por la aplicación sin protesta de todos los mandatos de Washington.

Finalmente, resulta claro que LIBRE se fortalece mucho en la medida en que el bipartidismo sin patria aplica un neoliberalismo bestial, que no puede retroceder ni beneficiar a las mayorías empobrecidas. Le queda por delante a este partido trabajar duro en la organización y la formación, y claro, mantener una coherencia a toda prueba entre sus acciones y sus ideas.