En cualquier circunstancia de la vida, laboral o familiar, para poder solucionar un problema tenemos que primero aceptar su existencia, sino no se le logra abordarlo de la manera más adecuada; es por ello que incluso en situaciones extremas de alcoholismo y drogadicción- como enfermedades- el paciente que la sufre debe primero aceptar su condición, de no hacerlo, no acepta la manera de tratarse y no logra superar la enfermedad.

Ante el éxodo trágico de migrantes hondureños hacia Estados Unidos lo primero que este gobierno (aunque ilegal, gobierno, al fin y al cabo) debe hacer es aceptar el problema, estudiar las causas y someterlas a las soluciones precisas a corto mediano y largo plazo que el país necesita, o al menos eso haría un gobernante responsable y con sensibilidad social; sin embargo, lo que vemos en la actualidad es una negación del problema.

El componente de negación es tan grande que el gobierno plantea argumentos alarmantes para los que conocemos la realidad social, como plantear que regresan más de tres mil personas en diecinueve buses, planteamiento que en lógica matemática es absurdo por lo que se colige en una mentira, también plantean absurdos. como la vice canciller que dice “estas movilizaciones atípicas no son de Dios”; es ofensivo que una funcionaria del más alto nivel en lugar de estudiar causas, consecuencias y soluciones- aunque estamos de acuerdo que son éxodos de proporciones bíblicas- no es culpa de Dios, es culpa de la inoperancia y demagogia del gobierno, es culpa de limitar políticas públicas que no pasan de asistencialismo y en algunos casos menos razonados en la confección de murales.

Luego de la negación y el absurdo caemos al cinismo, y es así que Jesús Mejía plantea que hoy por hoy Honduras es el país que se encuentra con mejor desarrollo económico en la región, incluyendo a Costa Rica, u otros voceros oficialistas que se preguntan en medios de comunicación “¿Cómo es posible que se quien ir si aquí hay empleo y prosperidad?”, planteamientos que esbozan, pero que frente a las cifras de CEPAL que nos dice que somos el país más pobre de América latina, con la canasta básica más cara, son sofismos, falsedades creadas desde el poder, sin medicinas y cirugías en los Hospitales públicos y sin acceso a educación es irrisorio los planteamientos del Gobierno.

Ante la tragedia humanitaria, los gobiernos amigos buscan soluciones, las sociedades de los países vecinos se solidarizan con los migrantes, los medios de comunicación internacionales buscan concientizar y sensibilizar a la gente, pero el gran ausente es el gobierno de Honduras

Porque ante su negación y cinismo es incapaz de crear políticas públicas que de carácter urgente e inmediato fomenten la empleabilidad y la reinserción de los migrantes retornados al aparato productivo. Exigimos de nuestros diputados que en el legislativo también se sometan las propuestas orientadas a enfrentar este problema, no pueden seguir estáticos ante una situación tan trágica, la solidaridad se practica con acciones, y máxime cuando estas son parte del mandato de quienes ostentan las posiciones públicas.