El exlíder de Pink Floyd, Roger Waters, elevó su voz para pedir que no permitan que se destruya a Venezuela, solamente por unos barriles de petróleo. El llamado surge en respuesta a una carta abierta que va dirigida a políticos estadounidenses escrita por un grupo de expatriados de origen venezolano, quienes piden apoyar a Juan Guaidó.

La carta fue firmada por un analista del banco de inversiones Goldman Sachs y entre otras personas, dirigida a los Socialista Demócratas de EE. UU.

El músico británico en su reciente publicación de twitter escribió, “EE. UU., fuera las manos de Venezuela”. El tuit de Roger, recibió muchas reacciones de “todos los que hablan en nombre el pueblo venezolano”, y la mayoría de los que responde son blancos de clase media y residentes de la ciudad de Nueva York. Entre las respuestas, se encontró con una de un viejo amigo, que es músico venezolano expatriado que lo invitó a leer la carta.

Waters piensa que la misiva sólo representa una polémica apasionada en apoyo de las sanciones de EE. UU y a otros tipos de intervenciones en Venezuela que tiene como esperanza,  sacar al supuesto régimen Nicolás Maduro. “Esto solo felicitará la adopción de políticas neoliberales, económicas y el regreso de manos de privadas a la industria petrolera venezolana”, afirmó.

Lo que realmente llamó la atención al exlíder de Pink Floyd, es un hallazgo de Adriana Kohlhofer, una analista de gestión de patrimonio privado del mismo Goldman Sachs, quien también firmó la carta dirigida a los demócratas. Adriana es una joven que pretende hablar en nombre de la gente de Venezuela.

En su carta, Roger agrega una encuesta realizada por Hinterlaces, una reconocida empresa independiente de Venezuela:

81% de las encuestados están de acuerdo con las sanciones aplicadas por EE. UU. contra Venezuela.

78% no está de acuerdo con la intervención internacional en Venezuela para destituir al presidente.

86% es totalmente en contra de una intervención militar de Venezuela.

84% apoya un diálogo entre el Gobierno y la oposición.

Los resultados solo muestran que dentro de la opinión de la mayoría de los venezolanos que realmente viven en Venezuela, no coincide con la información falsa, que presentan los analistas de Goldman Sach y los altos cargos estadounidenses.