El bipartidismo hondureño ha cruzado un límite peligroso entre la realidad y la propaganda. Aconsejados por expertos en mercadotecnia, se han dedicado a producir cada vez más circos, con la certeza de que lo que dicen sus consejeros en infalible. La falla en el mecanismo es que ve a las personas como consumidores y no como ciudadanos. En el mundo del consumismo, importa lo parece, no lo que es, y bajo ese principio, nos montan un circo tras otro.

La efectividad de las técnicas de marketing depende en gran medida de la susceptibilidad de los consumidores a construir “necesidades” que en la práctica no tienen. Ese es el centro de los espectáculos que nos recetan semana con semana, no importa si es un tipo llorando por horas, o un criminal sollozando porque le dicen asesino en todas partes, o un político tradicional haciendo una confesión pseudo heroica en un video. Con estos shows esconden verdades dramáticas y catastróficas para nuestra sociedad.

Luis Zelaya se lanzó a ser el espectáculo de la semana, “confesando” su continua relación con Carlos Flores Facusse y Juan Orlando Hernandez. Incluyó en su bodrio, un ataque a Manuel Zelaya Rosales, que aunque no nuevo, nos revela una táctica bipartidista, fundada en la mercadotecnia: una mentira debes sostenerla, repetirla hasta que nadie dude que es verdad.

La semana anterior planteamos la oleada de privatizaciones que se ven ya en el horizonte, las noticias nos inducen, cuál drogas, elementos que “obligan” a nuestro subconsciente a razonar cómo impostergable la necesidad de privatizar. De cuando en cuando aparece una noticia estruendosa, que desaparece con tanta celeridad como apareció. Este es el caso de la máquina de un hospital público robada que apareció en un hospital privado. El fin de la nota fugaz no es ahondar en el problema de salud, es introducir al consumidor en la idea de que el estado es ineficiente, corrupto e inservible.

Si seguimos el hilo del video de Luis Zelaya, básicamente no dice nada nuevo, pero está construido para causar shock en la población, especialmente la de clase media, que tiene más acceso a los medios de divulgación masiva. Que Carlos Flores Facusse sea el dueño del Partido Liberal lo hemos sabido hace tiempo, y lo hemos publicado en diversos trabajos. Que el mismo Flores sea el principal promotor de Juan Orlando Hernandez como proyecto político, también lo hemos dicho hasta la saciedad. Que Luis Zelaya llegó a ser candidato del Partido Liberal con, al menos, el visto bueno, de Carlos Flores, tampoco es secreto de nadie.

Si usted se detiene a analizar la acusación de “pacto de impunidad”, se encontrará que, en el mejor de los casos, paraece un juicio de valor del propio Luis, que una idea sustentada en alguna evidencia sólida. Su argumento puede fácilmente inferirse así “Hicieron un pacto de impunidad, porque lo iban a hacer conmigo, porque eso fue lo que me propusieron a mi”.  La construcción del “súper enemigo” es un viejo recurso, puesto a prueba miles de veces por la CIA, por lo que, incluso en un ámbito como este, sin contexto alguno, ni respaldo, ni racionalidad alguna, se dispara el ataque obligado por libreto a Manuel Zelaya Rosales. Esto, tampoco es novedad, los nacionalistas lo han usado intensivamente por casi una década.

Además, la fuerza de Carlos Flores dentro de la política hondureña se debe a su condición de “hombre de la embajada” en Honduras. Uno puede hacer conjeturas más creíbles que las de Luis Zelaya. Partiendo de que tanto a él como a Salvador Nasralla, los dirige el departamento de Estado (los famosos contactos que presume Luis Zelaya); y JOH es sostenido por el Comando Sur, no es de extrañar que ahora lancen esta “gran novedad”.

La gran transformación en la opinión pública nacional solo es posible, si quienes reciben sobredosis de “foros de opinión” y mueven su opinión con el ir y venir de las campanas, asumen todo lo que les llega con un sentido crítico. El paso está en una situación terminal, y eso se debe a la desastrosa gestión económica y social de ese bipartidismo que se olvidó de la sociedad y se dedicó a la mercadotecnia.

Es fácil anticipar muchas más historietas de estos personajes roji azules, simplemente porque en la medida une la vida diaria de los hondureños se vuelve un infierno, ellos tienen un multiplicar el entretenimiento para los consumidores, de tal forma que no se organicen jamás. La razón de ellos es evitar que la sociedad se organice y termine con sus incontables crímenes. Nuestra posición es claramente hacer lo opuesto.