Seguramente no existe tarea más compleja que convencer a alguien de que está ciego; pero una vez que se logra ese objetivo, el individuo se dejará guiar con absoluta docilidad, casi sin resistencia. Este ha sido el papel constante de los “más media” en nuestro país. Hay una idea que se viene manejando de manera poco perceptible hace varios años: “el político es corrupto”; “todos los políticos son corruptos”, y con estas dos frases viene su antítesis: “el ciudadano”, “el ciudadano honesto”, “el ciudadano es apolítico”, “porque todos los políticos son corruptos”.

Con estos simples axiomas se ha montado una necesidad artificial en la sociedad, que busca deshacerse de los políticos para reemplazarlos por ciudadanos. De ahí la idea de ciudadanización de todo, que debería ser sinónimo de cambio. Todo esto es una enorme falacia, construida en laboratorios y tanques de pensamiento para dominar nuestras sociedades.

La práctica nos ha demostrado que las “reglas” citadas son una creación de marketing pero no reglas de cumplimiento absoluto. Por ejemplo, Jimmy Morales, ganó sus elecciones en Guatemala con más del 75% del voto de segunda vuelta, porque era “ciudadano”, un payaso creado para la TV que era sobre todo apolítico. Un año después, resultó que es corrupto, que tiene vocación autoritaria y que ha continuado el desastre de sus antecesores, de hecho ha llegado más lejos que Otto Pérez.

Hay una cuestión fundamental, no existe una relación dialéctica, es decir de contrarios entre ciudadano y político. Muchos ciudadanos, son políticos y son corruptos. Las grandes mayorías somos ciudadanos, y entendemos la política, pero no somos corruptos. Donde sí existe una contradicción dialéctica clara es en la forma en que se distribuye la riqueza, y la forma en que se produce la misma. De esas relaciones dialécticas se derivan las enormes concentraciones de riqueza y el acelerado crecimiento de la miseria.

Cuando se trata de construir en la mente de la gente una disputa entre “el bien y el mal”, se recurre a un esquema más bien religioso. Por ejemplo; no existe ninguna diferencia entre la posición de JOH y la de Luis Zelaya frente a la economía nacional, ambos están de acuerdo en las privatizaciones, en despojar de su patrimonio a los hondureños, y en invocar la invasión trasnacional. En pocas palabras, ambos representan lo mismo cuando se trata del asunto de la pobreza, del trabajo, de los medios de producción, del capital especulativo, etcétera.

También mantienen acuerdo en la “ciudadanización” del sistema electoral. Es decir, quitar “políticos” y poner “ciudadanos”, para que regulen los procesos de consulta electoral. Ese acuerdo no es casual, su visión común del país, los lleva a inclinarse por un control y administración de los intereses en detrimento de las mayorías, y es fácil de entender; una población politizada es una amenaza directa a su hegemonía en el poder, y, por lo tanto, en la forma en que se construye riqueza en el país.

Luis Zelaya sólo representa la continuidad del sistema económico que se ha implantado en Honduras desde 1990, y se intensificó a partir del golpe de estado de 2009, que ahora coordina JOH, bajo las órdenes directas del capital transnacional y los halcones de Washington. Por eso es importante entender, que la supuesta contradicción entre rojos y azules no es más que una ficción fabricada para esconder, para resguardar los privilegios, negocios y otras hierbas de los que más tienen.

Ahora mismo, se aprestan a lanzarse al asalto definitivo del patrimonio común; han anunciado privatización de la salud, de la energía, de los recursos naturales, del Infop, del agua. En ese sentido no existe ninguna diferencia entre Luis Zelaya y JOH o los asesores de ambos. Las dos partes están de acuerdo, que los hondureños para vivir debemos pagar una especie de peaje. En eso no habrán desacuerdos, quizá alguna desavenencia por el tamaño de la tajada.

Lo más importante aquí, es que nos demos cuenta de que todos los que están participando de esta operación criminal contra Honduras son “ciudadanos”; y es con “ciudadanos” como ellos que pretenden llenar las mesas electorales y los tribunales de elecciones. No es casual que no exista en Honduras un debate abierto en torno a la ola de privatizaciones. La única propuesta económica alternativa a lo que ahora existe la ha planteado LIBRE, pero esa no la debaten los medios, al contrario, la ocultan.

Eso sí, todos, absolutamente todos esos medios gastan recursos abundantes en demostrar que LIBRE está lleno de “políticos” pero no hay “ciudadanos”.

Valoremos entonces la operación de mercadeo montada para vendernos líos donde no existen, y ocultar profundas contradicciones en el interior de nuestra sociedad.