Edgar Reyes es un joven hondureño que se vio obligado a salir del país luego de ser atacado y perseguido por la Policía Nacional durante su participación en las protestas contra el fraude electoral de 2017. “Estoy feliz de no estar en peligro, de estar en un país en el que se van a hacer valer mis derechos”, afirma el joven de 19 años.

Él era uno de los 1,500 hondureños que viajaron hacia Estados Unidos entre marzo y junio. La travesía duró dos meses y la mayor parte del trayecto de 3,200 kilómetros, fue a pie. El viaje de Reyes fue marcado por cansancio, sacrificio y peligro, pues comenta que sobrevivió a un intento de secuestro y estuvo tres días en “La Bestia”.

Cuando finalmente alcanzó la frontera sur de Estados Unidos, solicitó asilo y fue detenido durante 5 meses, mientras su caso era tramitado. El 15 de octubre recibió el documento que tanto esperaba. El joven comenta que ese papel significa mucho para él, ya que representa hambre, sudor y lágrimas.

Reyes asegura que un representante del gobierno de Estados Unidos le informó que se le concedió asilo porque presentó pruebas de la persecución y los ataques de los que había sido víctima, incluyendo 400 páginas de evidencia.

Una organización LGBTQ de nombre “QDEP” llevó a Reyes hasta Nueva York, lo ayudaron a encontrar un lugar para vivir y a obtener seguro social. En su condición de refugiado, Reyes puede optar a un permiso de trabajo. En cuestión de meses, él obtendrá esta licencia.

Edgar dice que está contento con lo que ha logrado y tiene la esperanza de conseguir un trabajo y estudiar, afirma que este es su sueño americano. Comenta que piensa en lo que están viviendo sus compatriotas que se encuentran en Tijuana, Baja California. Agrega que, durante su viaje, cada día creía que iba a ser el último, debido al hambre, cansancio, deshidratación y frío, ya que le tocaba dormir en parques.