La extrema pobreza que se vive en Honduras es el reflejo de una sociedad que no cuenta con dinero para velar dignamente a sus familiares; esa es la historia de una madre que tuvo el ataúd de su hijo en una calle del barrio Guanacate, Distrito Central de Honduras.

Sonia, como la conocen en la zona, es una indigente que junto a su vástago dormían en la calle.

La tragedia la golpeó aún más fuerte cuando su hijo empezó a experimentar síntomas de dengue y no fue tratado adecuadamente en el Hospital Escuela, muriendo por no tener como pagar una clínica privada.

Para que el cuerpo no se descompusiera, la doliente le colocaba bolsas de hielo mientras varias personas pasaban y miraban el ataúd.

Un informe realizado por el Banco Mundial (BM) revela que el 60 por ciento de los hondureños en la zona rural viven en pobreza.