Expresidente peruano, Alan García escribió una carta antes de quitarse la vida

Lima, Perú. El pasado sábado, dos días después del suicidio del expresidente Alan García, Luciana, una de sus hijas leyó una carta que el ex mandatario de 69 años dejó a su familia antes de quitarse la vida.

García tomo la fatal decisión de quitarse la vida, cuando el pasado miércoles 17 de abril a las 6:00 de la mañana, la Fiscalía peruana ordenó su arresto por diez días por su posible vinculación con delitos de colusión, lavado de activos y trafico de influencias en causa de sobornos pagados por la constructora brasileña Odebrecht.

Al momento en que los agentes policiales acompañados de miembro de la Fiscalía llegaron a la casa del ex presidente, García pidió unos minutos a solas y se pegó un tiro en la sien. El ex mandatario sobrevivió al disparo y fue trasladado de urgencia a un hospital, donde murió casi cuatro horas después a causa de una severa hemorragia.

Los restos de García fueron velados en la Casa del Pueblo, sede del Partido Aprista, y fue allí donde la hija leyó la carta dejada por García. Se desconoce de cuando databa la nota.

Este es el texto completo de la carta: 

“Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.

Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarse durante más de treinta años. Pero jamás encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.

En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo no habrá cuentas, ni sobornos, no riqueza. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podrá haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se venden, yo no.

Cumplido mi deber en mi política y en las obras hechas en favor de pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos.

Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios, porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes”.