La Casa de la Moneda de Estados Unidos acuñó esta semana el último centavo de su historia, poniendo fin a más de 230 años de producción. La decisión se debe al alto costo de fabricación: producir una sola moneda de un centavo cuesta casi 4 centavos, lo que generaba un gasto anual de aproximadamente 56 millones de dólares para los contribuyentes.
Aunque dejarán de fabricarse, todos los centavos existentes seguirán siendo de curso legal y podrán utilizarse normalmente en el país.
Sin embargo, la atención se ha centrado en los últimos ejemplares producidos, que se convertirán en piezas codiciadas por coleccionistas. Expertos numismáticos estiman que estas monedas finales podrían alcanzar entre 2 y 5 millones de dólares cada una, debido a su enorme valor histórico y a la altísima demanda prevista en el mercado de coleccionismo.
El cierre de la producción del centavo marca un hito en la historia monetaria de Estados Unidos, pero también abre la puerta a una posible fiebre de coleccionistas dispuestos a pagar cifras millonarias por poseer una de las últimas monedas de esta icónica denominación.

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