La reciente filtración de documentos judiciales ha reavivado el interés mundial en torno al plan de Jeffrey Epstein para derrocar al papa Francisco, una trama que habría contado con la colaboración de influyentes figuras religiosas y políticas.
Según reportes publicados por medios internacionales, Epstein pretendía influir en la estructura del Vaticano y cambiar el curso de la Iglesia católica, algo que no logró por su captura y posteriormente su muerte.
El propósito era instaurar a mandatarios eclesiásticos afines a su visión y la de sus aliados, entre ellos el cardenal estadounidense Raymond Burke, crítico frecuente del pontífice.
En mensajes de junio de 2019, Bannon deja entrever que Epstein sería productor ejecutivo de un documental, que finalmente nunca se rodó, inspirado en el libro del periodista francés Frédéric Martel, ‘En el armario del Vaticano’.
Sobre ese proyecto, Bannon escribió: «Derribaremos a Francisco». «Los Clinton, Xi, Francisco, la UE… vamos, hermano», añadió en otro mensaje.
Epstein, redes de poder y manipulación eclesiástica
De acuerdo con las revelaciones, la estrategia abarcaba desde el financiamiento de campañas difamatorias hasta el uso de redes de poder y lobby para promover a figuras conservadoras en el Vaticano.
Estos hechos resaltan la capacidad de Epstein para tejer alianzas estratégicas en niveles insospechados, especialmente dentro de una institución tradicionalmente reservada.
El caso reabre cuestionamientos sobre la vulnerabilidad de la Santa Sede frente a presiones externas y suma una nueva dimensión a los escándalos que han rodeado la vida y las redes de poder de Jeffrey Epstein.