Un estudio innovador ha descubierto que los tampones, que son utilizados por millones de personas anualmente, contienen cantidades alarmantes de metales tóxicos como plomo, arsénico y cadmio.

Investigadores de la Universidad de California en Berkeley han encontrado concentraciones significativas de estos metales en 30 tampones de 14 marcas diferentes, adquiridos en Estados Unidos, Reino Unido y Europa.

La investigación indica que la piel de la vagina puede absorber sustancias químicas de manera más efectiva que otras partes del cuerpo humano, lo que aumenta la preocupación sobre la exposición a estos metales a través del uso continuo de tampones. Kathrin Schilling, coautora del estudio, enfatizó la importancia de estos hallazgos, destacando que más del 50% de las personas menstruantes utilizan tampones regularmente, a veces durante largos periodos.

Los metales tóxicos como el plomo y el arsénico, presentes en estos productos menstruales según el estudio, están asociados con diversas enfermedades graves como demencia, diabetes y cáncer. La Dra. Jenny Shearston, autora principal del estudio, subrayó que esta investigación es la primera en medir sistemáticamente la presencia de metales en tampones, encontrando niveles preocupantes en todas las muestras analizadas.

Los científicos plantearon varias teorías sobre cómo estos metales pueden contaminar los tampones durante su fabricación, incluyendo la posibilidad de absorción del algodón utilizado o la incorporación intencional de pigmentos y agentes antibacteriales. A pesar de estos hallazgos alarmantes, aún no se ha determinado si la presencia de estos metales está causando efectos adversos directos en la salud de las usuarias.

El llamado a una mayor regulación y transparencia en la industria de productos menstruales ha resonado entre los investigadores, quienes instan a realizar más estudios para comprender mejor los riesgos y proteger la salud pública.

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