La princesa heredera de Noruega, Mette-Marit, se encuentra en el centro de una controversia luego de que su nombre apareciera en más de mil ocasiones en una reciente divulgación de documentos vinculados al fallecido financista Jeffrey Epstein.
Tras conocerse la información, la integrante de la casa real noruega reconoció haber cometido un error al mantener contacto con Epstein y expresó públicamente su arrepentimiento. En un comunicado a la agencia AFP, la princesa, de 52 años, afirmó que su comportamiento fue inapropiado y calificó la situación como embarazosa. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, coincidió en que la heredera ejerció un mal juicio.
Medios de comunicación de Noruega difundieron correos electrónicos intercambiados entre Mette-Marit y Epstein desde 2011, es decir, tres años después de que el empresario estadounidense se declarara culpable de solicitar a una menor para prostitución en 2008. Algunos de los mensajes contienen comentarios de tono informal y referencias consideradas inapropiadas, lo que ha generado una fuerte reacción pública.
En uno de los correos, la princesa consulta si sería incorrecto sugerir una imagen provocadora como fondo de pantalla para su hijo adolescente. En otro intercambio, responde a un comentario de Epstein sobre buscar esposa en París con observaciones que han sido ampliamente criticadas tras su publicación.
Aunque Mette-Marit aseguró no haber investigado a fondo el historial de Epstein, en mensajes privados reconoció haber buscado información sobre él en internet y admitió que su reputación no era positiva. En 2013, la princesa permaneció durante cuatro días en una residencia del financista en Florida, aunque, según se indicó, Epstein no se encontraba allí en ese momento.
Las revelaciones surgen en un contexto particularmente delicado para la familia real, ya que el hijo mayor de la princesa, Marius Borg Høiby, enfrenta actualmente un proceso judicial por múltiples cargos graves, entre ellos violación. El acusado ha negado la mayoría de las imputaciones.
El caso ha reavivado el debate público en Noruega sobre la responsabilidad y el comportamiento de figuras públicas, así como el alcance de sus vínculos con personas posteriormente condenadas por delitos graves.