Estados Unidos ha completado su primera venta de petróleo venezolano tras la captura del presidente Nicolás Maduro, logrando ingresos cercanos a 500 millones de dólares, parte de un acuerdo energético bilateral valorado en unos 2.000 millones. Sin embargo, estos fondos no se han transferido directamente a Venezuela ni se han mantenido en bancos estadounidenses: han sido depositados en cuentas controladas por Washington, con una cuenta principal ubicada en Qatar.
La administración estadounidense explicó que eligió Qatar como sede financiera “neutral”, facilitando el movimiento de fondos bajo supervisión de EEUU y reduciendo el riesgo de embargos o bloqueos judiciales que pudieran surgir si el dinero estuviera en instituciones estadounidenses o venezolanas.
Este manejo de los ingresos petroleros se enmarca en una orden ejecutiva que busca proteger los fondos de reclamos legales y asegurar que los recursos se preserven para avanzar en los objetivos de política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela.
Funcionarios del Gobierno han señalado que una parte de estos ingresos empezará a fluir hacia Venezuela para apoyar necesidades económicas, y que algunos bancos venezolanos ya han sido notificados para recibir porciones de estos recursos, lo que podría permitirles vender dólares para abastecer a empresas que requieren divisas para importaciones.
La estrategia forma parte de un nuevo enfoque de Washington en la industria energética venezolana tras tomar control de parte de las exportaciones de crudo luego de la operación militar que culminó con la captura de Maduro, mientras se desarrollan negociaciones sobre el futuro institucional y económico de Venezuela.

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