Disney, durante décadas, no solo lideró la industria de la animación, sino que fue uno de sus principales innovadores, dando forma al modelo que hoy domina el entretenimiento global. Sus personajes clásicos y largometrajes marcaron un estándar que definió generaciones y consolidaron a la compañía como sinónimo de magia animada.
Sin embargo, en su constante búsqueda por innovar, el estudio ha apostado de manera casi exclusiva por la animación digital, en un mercado cada vez más saturado de producciones en CGI (computer-generated imagery). Esta tendencia ha reavivado los rumores sobre un posible regreso de Disney a sus raíces: la animación tradicional en 2D y el dibujo a mano, una propuesta que gana fuerza a medida que otros estilos visuales quedan relegados al ámbito independiente.
El interés por técnicas más artesanales ha resurgido recientemente con producciones como The Boy and the Heron, de Studio Ghibli, y Robot Dreams, del director Pablo Berger, que demostraron que el público aún valora la animación tradicional. Frente a este escenario, la respuesta de Disney ha sido limitada, reducida a cortometrajes y campañas publicitarias, sin una apuesta clara en su catálogo principal.
Un regreso a la animación 2D no implicaría abandonar los avances tecnológicos actuales, sino integrar herramientas modernas con un enfoque más artesanal que permita reforzar la identidad visual de la compañía. Aunque por ahora se trata de una posibilidad hipotética, una vuelta a sus orígenes podría convertirse en una estrategia clave para renovar el interés del público y recordar por qué Disney fue, durante tanto tiempo, el referente absoluto de la animación.

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