Los ciudadanos que viven en las periferias de la capital hondureña, conocidas como “cinturones de miseria”, son obligados injustamente a pagar doble por el agua potable.

Los pobladores de bajos recursos económicos tienen que cancelar los recibos del Servicio Nacional Autónoma Nacional (SANAA), a pesar que el vital líquido no llega regularmente a la zona y la tarifa es alta.

Ante la falta de agua por parte del Estado tienen que comprar los baldes con un costo de 30 a 40 lempiras, pagando más por tener acceso al servicio que la población media y alta.

Según estudio de la Organización Mundial de Salud, el 13 por ciento de la población hondureña no tiene acceso al vital líquido.

Autoridades del SANAA informaron que la producción de agua disminuyó un 50 y 60 por ciento en las represas Los Laureles y La Concepción.