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Este domingo miles de personas inundaron las calles de Brasil para protestar contra el gobierno de la presidente Dilma Rousseff, quien enfrenta un proceso de juicio político. Para la oposición brasileña, las manifestaciones “probaron que Brasil está indignado y que quiere el fin de este gobierno”.

Las marchas, que se realizaron en más de cien ciudades, fueron convocadas por grupos ajenos a los partidos políticos tradicionales y, según la policía, congregaron a unas 83.000 personas.

El senador Aécio Neves, presidente del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), argumentó que hubo “poco tiempo” para organizar estas manifestaciones, pues los grupos convocantes decidieron salir a las calles después de que, la semana pasada, la Cámara de Diputados iniciara los trámites con miras a un posible juicio político contra Rousseff.

“Aun con pocos días para organizarlas, las manifestaciones han comprobado que está vivo en gran parte de la sociedad el sentimiento de indignación y rechazo” al Gobierno, declaró el ex candidato a presidente.

Dilma Rousseff atraviesa el peor momento desde que es presidente de BrasilDilma Rousseff atraviesa el peor momento desde que es presidente de Brasil: Foto Reuters

El Ejecutivo, en tanto, consideró “como un balón de oxígeno” la baja adhesión a las protestas que este domingo exigieron la destitución de Dilma Rousseff.

Aunque la merma en la asistencia a las marchas trajo alivio, el Gobierno mantiene cautela ante la crisis política.

El resultado de las protestas fue analizado por la propia jefa de Estado en una reunión que sostuvo hoy con una decena de ministros, la cual concluyó sin declaraciones a los periodistas.

No obstante, fuentes oficiales consultadas por la agencia EFE reconocieron que la escasa respuesta a la convocatoria fue casi como un “balón de oxigeno” para el Gobierno.

“Alivia un poco la presión, aunque no basta para decir que está todo resuelto”, señaló un portavoz de la Presidencia, en alusión a que el trámite de cara a un juicio político contra Rousseff puede ser reanudado esta misma semana.

Los organizadores cifraron la asistencia en cerca de 400.000 personas, que aun así distaron mucho de los 2,5 millones de manifestantes que reunieron las protestas que esos mismos grupos habían realizado en abril y agosto pasado.

En cualquier caso, la escasa convocatoria de las manifestaciones fue casi un regalo para Rousseff, quien hoy cumplió 68 años de edad sin muchas razones para celebrar.

Proceso de juicio político

Los trámites para un juicio político fueron autorizados hace diez días por el presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, a quien la Constitución le reserva la decisión de aceptar o no el inicio de un proceso con miras a la destitución de un mandatario.

El proceso comenzó el martes de la semana pasada, pero ese mismo día el Tribunal Supremo lo paralizó ante una demanda presentada por el oficialista Partido Comunista do Brasil (PCdoB), que pidió esclarecer algunos procedimientos.

Los once magistrados del Supremo han anunciado que se reunirán el próximo miércoles para analizar esa demanda, tras lo cual el trámite deberá ser reiniciado en la Cámara de Diputados.

“Hasta que no concluya todo esto, el Gobierno deberá seguir muy atento”, explicó la fuente consultada por EFE.

El proceso está fundamentado en unas maniobras fiscales que el Gobierno hizo en 2014 para maquillar sus resultados y que, según organismos de contraloría del Estado, continuaron durante este año.

Según la oposición, esas maniobras constituyen un “delito de responsabilidad”, que es una de las causas que la Constitución contempla para la destitución de un mandatario, aunque el Gobierno lo niega y sostiene que no pasan de “errores administrativos” que son “comunes” en la administración pública brasileña.

Fuente: InfoBae