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Honduras tiene cáncer y nos toca a nosotros curarla

En esta región del centro de las américas, conocida por sus encantos naturales y culturales creció de pronto como un tumor maligno apunto de producir metástasis, la maldición de la corrupción acompañada de sus familiares la inmoralidad y desvergüenza.  Y las acciones corruptas comenzaron a sustituir descaradamente a las acciones íntegras. La primera acción, fruto de la codicia. La segunda acción, ecuanimidad para crear un bien común. No será fácil recuperar esta segunda acción y desmontar semejante cáncer de la sociedad hondureña pero todo es posible con la voluntad de la mayoría de los buenos hondureños. Hay la necesidad expedita de extirpar ese cáncer y los únicos que podremos lograrlo somos nosotros los buenos. Hay la necesidad de organizar a nuestras comunidades para proponer soluciones constructivas a cada uno de nuestros problemas, luego proponer un método de cirugía a nivel oficial en vísperas de noviembre del 2017.

No podemos atenernos a un gobierno que no respeta las leyes, que no respeta nuestros derechos básicos de salud, educación y derecho a la vida. Un gobierno capaz de envenenar a su pueblo con tal de cumplir sus ambiciones políticas a toda costa. ¡Si! Nos toca a nosotros hacer el papel de oncólogos y practicar esa complicada cirugía.

A muchos hondureños les indigna escuchar los eslogan del gobierno, “Honduras Esta Cambiando” y “Vida Mejor” transmitidos a todas horas del día en repetidas ocasiones en los medios de comunicación. Como no les va indignar si en el periodo de una semana la violencia ha manchado de sangre casi todos los rincones de la patria. Las masacres son titulares diarios. Negocios con muchos años de servicio se han visto obligados a cerrar sus puertas, victimas de la criminalidad y extorsión. El ciudadano humilde vive en toque de queda ya que en su barrio a las pandillas les molesta que la gente circule después del ocaso del sol. La indiferencia de las autoridades gubernamentales ante tales hechos es lo que mas nos indigna. No dan la cara en los medios a dar soluciones a todos estos males, ni siquiera a dar un saludo de empatía ante tanta barbarie que se vive a diario. Sin embargo cuando un acto vandálico les afecta a ellos si salen en los medios reprimiendo a la oposición sin una debida investigación de los hechos. Luego que explota otro escandalo de corrupción al mas alto nivel, nos aplican la misma dosis que nos vienen dando desde el gobierno pasado, comisiones interventoras dirigidas por las mismas personas de siempre. Tomando en cuenta estos hechos, hemos dejado al descubierto las razones por las que no compartimos la propaganda de “Honduras Esta Cambiando” y de “Vida Mejor.” El hondureño cada vez que escucha en los consejos comerciales esta propaganda, se indigna y ya no cae en el engaño, porque estas tragedias mencionadas son su realidad del día a día o de un familiar, amigo o conocido.

La indiferencia del presidente de la república es un tema indignante para cualquier ciudadano que se ve afectado por la violencia. Cuando ocurre una masacre en un país como Estados Unidos, el primero en pronunciar palabras de aliento hacia las victimas es el presidente. Quedo demostrado en la masacre en San Bernandino, California cuando el presidente Barack Obama incluso tomó acciones directas al instruir a instituciones como el FBI para que se investigaran las causas de esta masacre con el propósito de esclarecer los hechos. En cambio en Honduras las mayorías de las masacres no se investigan ni se judicializan. Por presiones externas se ha logrado la captura a los supuestos autores materiales del crimen de la líder ambientalista Berta Cáceres. Sin embargo, el gobierno se ha quedado en silencio a las exigencias de la familia de traer una comisión internacional para fortalecer la investigación. El Parlamento Europeo ya puso a disposición los fondos para la creación de esta comisión externa de investigación. Si el gobierno contesta a las exigencias de la familia quizás se pueda respaldar su voluntad a esclarecer el crimen. El gobierno y los medios de comunicación mienten al asegurar que las investigaciones del caso están siendo llevadas por el F.B.I.. En un articulo publicado en The New Yorker se asegura que un detective en calidad de retiro de la ciudad de Nueva York esta ayudando con el caso pero este individuo no esta afiliado a ningún ente de justicia e investigación norteamericano. El ente ideal para investigar un caso de esta envergadura según el senador americano Patrick Leahy seria la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la cual el gobierno de Hernández ha evitado su involucramiento. Un apoyo de una comisión investigadora internacional es un esfuerzo mínimo que las autoridades deben aceptar ya que fueron ellos los que dejaron a Berta Cáceres sola en su lucha a la merced de sus asesinos, cuando ella en reiteradas ocasiones declaro que estaba amenazada a muerte.

Que se puede esperar de un ente de seguridad que esta totalmente coludido con la corrupción. Los penosos ataques verbales entre el ex director de la policía nacional y el ex ministro de seguridad “el diputado más votado” nos deja en entredicho si las acusaciones que ambos se hacen en los medios de comunicación son ciertas.  Lo que es cierto es que solo el tiempo revelara quien dice la verdad.  Luego de la publicación hecha por el New York Times en la que señala como responsables a los altos mandos de la policía de asesinar al zar anti drogas Julián Arístides Mejía el gobierno respondió aplicando la misma dosis que nos vienen dando por años al nombrar otra vez a Vilma Morales en una comisión interventora, esta vez para la depuración policial. Es algo absurdo poner a esta persona al frente de esta tarea cuando aun no termina su misión en las demás comisiones que ella integra. A veces estos actos nos siembran la duda si realmente en estas comisiones lo único que se hace es tapar las sinvergüenzas de todo el sistema gubernamental.

En conclusión, necesitamos regresar a un estado en el que impere la ley como un poder soberano. La conciliación no se consigue con mecánicas represivas y autoritarias. Es la convivencia y tolerancia basados en el respeto de cada criterio la que nos llevara a construir una nación de paz con un estado de derecho justo. Por eso es imperativo defender los derechos elementales de un pueblo olvidado como un valor sagrado. La prueba que estos derechos elementales no son sagrados para las autoridades actuales es su indiferencia e involucramiento en actos sospechosos de corrupción.  Esta generación tiene la obligación de entender que al llegar a un puesto público no se deber ejercer una presión imponente ante la sociedad, sino buscar una balanza para suscitar una conciliación. Construyamos un futuro en el que no de miedo dar una critica constructiva que levante a un pueblo dormido y que ponga a dialogar a un político obcecado.  Sino empezamos desde hoy en denunciar y rechazar los excesos cometidos en los últimos 6 años de gobierno, tendremos que aprender a vivir como una minoría aislada y perseguida.  No dejemos que nos vendan un discurso represivo de seguridad ciudadana que nada ha ayudado a extirpar el verdadero cáncer de la corrupción. Exijamos que se deroguen las leyes de secretos para poder auditar a los corruptos. No es tiempo de llorar por la enfermedad que padecemos porque aun estamos a tiempo de entrar a remisión y salvar a esta maravillosa patria que llamamos Honduras de su degradación moral anunciada.

 

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